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ID: 2246
24
Feb
2022

Tenemos un derecho: La transparencia en las organizaciones, una pieza clave en la nueva sociedad de la información

Tiempo de lectura estimado: 4 minutos, 38 segundos

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La transparencia es, en ocasiones, una cuenta pendiente para empresas e instituciones públicas y privadas. En una sociedad como la actual, en la que la información tiene tanto peso, hay que apostar por una comunicación clara y sin ambages. Ambos tipos de organismos aún tienen un camino largo que recorrer, pero los beneficios que conseguirán para la sociedad serán enormes.

La importancia de ser transparente

La transparencia consiste en garantizar el acceso a información que debería ser pública. Un buen ejemplo son las cuentas de un ayuntamiento o de una empresa. Al poder revisarlas, la sociedad hace de control a las organizaciones públicas y privadas. Si existen anomalías, se detectarán rápidamente y se podrán pedir las responsabilidades pertinentes.

Seguir este principio hace que la ciudadanía sea partícipe de las decisiones políticas y empresariales. Además, la información ofrecida tiene que ser clara y comprensible. De nada serviría ofrecer documentos de difícil comprensión o compuestos de incontables páginas plagadas de palabras vacías. Esto conseguiría opacar las decisiones tomadas, y podría afectar de lleno a una amplia variedad de personas. Aparentar que se es transparente no es una solución aceptable.

La comunicación es un aspecto fundamental que nos conduce a un concepto imprescindible: la credibilidad. Si en tu organización actúas como se ha descrito, nadie tomará en serio tus palabras, lo que supondrá un daño grave y que tardarás largo tiempo en sanar. Por tanto, comunicarse con claridad, a través de los medios adecuados y sin medias tintas es la única solución.

Una comunicación adecuada, en la que se aporta información completa, valiosa y de calidad, resuelve cualquier duda que pueda albergar la ciudadanía. Tanto las empresas como los organismos públicos deben actuar de esta forma, ya que la sociedad lo demanda y cada vez aparecen nuevos medios para contrastar los datos que se ofrecen.

Ante un panorama como este, ocultar información o manipularla no tiene sentido. Es posible caer en la tentación de seguir adelante solo con medias verdades, pero este es un camino que únicamente conduce al descrédito y a la pérdida total de la confianza. Asimismo, se pone en peligro la continuidad de las propias instituciones, las cuales deben afianzarse sobre la confianza y una reputación lejana a cualquier tacha.

El impacto de la transparencia en la empresa y en las instituciones públicas

Las empresas pueden beneficiarse de una comunicación transparente de diversas formas. Una de ellas es la captación de talento. Las personas optan por organizaciones con las que comparten valores y una misión similar. Así, informar de forma abierta de la acción social que realiza la empresa y de su apuesta por el medio ambiente, por ejemplo, contribuirá a atraer a profesionales de alta calidad.

También se mejora el clima laboral. Si se ocultan los objetivos y la visión empresarial a los trabajadores, estos se sentirán incómodos en poco tiempo. Sentirán que no se les considera importantes, y algunos podrían llegar a abandonar su puesto por otro mejor en la competencia. Para evitar esto, la solución más acertada es apostar por una comunicación transparente.

Además, la organización en sí gana en estabilidad, ya que cada empleado tiene a su alcance la información relevante y que le ayuda a comprender el papel que juega. Verán que la dirección es cercana y que les tiene en cuenta, lo que les llevará a involucrarse en la consecución de los objetivos y el clima laboral será más positivo.

Al final, el hecho más relevante es que la competitividad aumenta por todo lo anterior. Una plantilla cohesionada, con una dirección consciente del rumbo que ha de llevar y una comunicación tan clara como transparente conseguirá imponerse a sus rivales más directos. Al fin y al cabo, gozará de una mayor estabilidad y de procesos que funcionan con eficiencia.

En cuanto a las instituciones públicas, estas también tienen que apostar por ser transparentes. Pese a que deberían serlo por defecto, no son pocos los casos en los que se obvia información importante o se enmaraña. Si la credibilidad es importante para un negocio, para estas organizaciones lo es aún más. Sin ella, los ciudadanos no les prestarán atención y las contemplarán con recelo.

Esta falta de confianza tendrá un impacto negativo en la sociedad, ya que la participación caerá en un modelo de sistema que miente y ningunea casi constantemente. Por tanto, hacer frente al desafío que supone la desafección ciudadana es algo que no puede dejarse de lado. Cuanto más tiempo pase, mayores serán las consecuencias, las cuales se dejarán sentir en toda la estructura del estado.

En definitiva, la transparencia debe ser un eje tanto de las empresas como de las instituciones públicas. Es importante ofrecer información fidedigna a inversores y clientes, por un lado, pero lo es más aún a nivel ciudadano. Por tanto, solo queda apostar por una comunicación sólida y abierta.

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